Un Preámbulo
Toca
al que escribe iniciar el apartado de reseñas artísticas en Toritos Culturales.
Sin contradecir la postura que, en otros foros he señalado como propia frente
al Arte Contemporáneo, me daré a la tarea de exponer, tanto como el más entusiasta
de los visitantes podría hacerlo, mis impresiones generadas por una genuina
avidez en la propuesta artística de las obras, en vez de apelar a argumentos que
podría esbozar un crítico de arte.
De
esta forma, mis participaciones en la blog se remitirán a presentar las
inquietudes que surgen en torno a exposiciones con las que me he topado en
mi andar por museos y centros culturales, procurando dar cabida a la voz de sus
creadores, y la representación de sus ideas a través de la obra artística.
Dicho
esto, entro en materia con la primera de mis reseñas.
El
pasado 12 de noviembre recibí la invitación para asistir a la apertura de una
exposición colectiva realizada en la Casa de la Cultura “Juan Rulfo”, en
Mixcoac, Distrito Federal, titulada “Refill”
Mi
primera impresión fue de duda, al comparar lo oscuro de dicho nombre con la
imagen contenida en el cartel de la muestra —una fotografía con basura de un
restaurante de comida rápida—, con el posible tema de la exposición, No así,
asistí al evento, llegando poco después de la hora de inicio marcada en el
programa.
El encuentro con REFILL
Al
llegar, recorrí el espacio, localizado en el segundo piso de este centro
cultural. La exposición está compuesta por seis conjuntos de obras, —dos por
autor— agrupados a lo largo de la sala. Recorrerla me resultó una experiencia
confusa, algo sosa en su estructura temática, si es que la había. Una constante
inicial fue notar en estas obras salpicaduras de caracteres vestigiales,
heredados del Pop Art, un imperio de las técnicas y lenguaje del diseño; todo
ello dentro de una galería en el que las piezas parecen vivir, sin convivir
entre ellas.
Recibe
al espectador la producción de Radharani Torres, compuesta por una instalación
de gran formato titulada “I put a spell
on you”(2011), y un óleo de mediano formato: “Some men are like chocolate” (2011). Ambas obras no guardan
paralelismo alguno, fuera de que se valen de la codificación del lenguaje
escrito como parte primordial para su mensaje.
 |
| "Some Men Are Like Chocolate", óleo sobre tela. |
|
Al
centro de la sala ocupa un papel protagónico “Ideas para Escultura” (2011), de Roberto García. Esta obra consiste
en una serie de 152 dibujos de diversas técnicas en pequeño formato, dispuestos
en tres vitrinas, en los cuales se muestran motivos de lo más variopintos y,
entre los que es posible identificar desde el trazo esquemático de un prisma,
hasta un detallado boceto de un sobre de salsa catsup, por mencionar algunas
imágenes. Asimismo en el espacio confinado a éste artista, está “Modelo sobreusado, jodido, abusado y
confundido, ahogado en lágrimas (con proyección invertida y submodelo roto)” (2011); una serie de dibujos directos a muro, en los que se distingue con
vaguedad algún objeto y sus trazos esenciales. Curiosos dibujos, que en un
principio asumí como parte de la gráfica.
 |
| "Ideas para Escultura", Módulo 3 |
En
el extremo más alejado de la entrada, se localiza el aporte de Carlos de la O,
dicho sea de paso, el más confuso y disparatado para mi, al momento de
enfrentarme al conjunto de obras.
A
lo largo de uno de los muros se dispone “Me,
and You, and Everybody” (2007-2011); cinco impresiones sobre papel vegetal, en las que se distinguen los rostros de varios personajes
indeterminados. En el muro más alejado, frente al cual yacía un conjunto de
instrumentos que, en primera instancia, supuse debían ser parte del evento de
inauguración, al cual no llegué a tiempo, está “Sing-a-long with an evident fake Beth Gibbons” (2011); un hato de
obras con numerosas técnicas y soportes individuales los cuales, según
señalaba la hoja de sala, tenían algún tipo de relación entre sí, pese a
parecer sólo una retrospectiva sin un criterio de ordenamiento en particular.
 |
| "Me, and You, and Everybody", Trazo vectorial, impresión digital sobre papel vegetal. |
En
este punto, el lector habrá advertido que este primer encuentro con las obras
en “Refill” no fue agradable. Debo señalar que sólo una de las obras llegó a
cautivar mi atención, gracias a la fuerza que transmite, y la empatía personal
que genero, más este punto lo abordaré al final de esta reseña.
Preocupado
por no llevar un buen referente del cual hablar, me acerqué a los participantes
de la muestra con la finalidad de que, por un lado, ampliaran la información
que en gran medida, no aporta el cedulario y, por otro, de conceder el derecho
de réplica a cada uno.
Día
más tarde charlé con estos tres artistas, encuentro del cual rescato algunas
ideas e inquietudes.
¿Qué
es “Refill, y por qué ese nombre?
Acostumbrado
a títulos evasivos, pero supuestamente cargados de trascendentalidad, me
sorprendió la sencillez con la que estos tres jóvenes me confesaron la génesis
de dicha exposición.
“Refill” nace en paralelo, tanto en su título como idea, a
partir de la serie de reuniones que, luego de decidir organizar un ciclo de
exposiciones en diversos foros de arte en la delegación Benito Juárez del
Distrito Federal, estos tres artistas emergentes celebraran en la humildad de
un restaurante de comida rápida. La necesidad de buscar un punto de reunión
que permitiera el “refill” de las bebidas, selló la originalidad de su
concepto.
Esta
muestra corresponde a la primera de tres exposiciones que, en palabras de sus
organizadores, fungen como una especie de workshop o working progress,
basado en la búsqueda de espacios en los que pondere un clima libre de
restricciones políticas e institucionales. Por tal motivo, la opción de
realizarlas dentro de casas de cultura y centros artísticos sin tanto renombre,
surgió como la opción obvia.
Los
lineamientos para elegir las obras expuestas son, sin más, una reiteración de
esta actitud poco pretenciosa frente al espacio expositivo. Las piezas que
componen “Refill” representan, con sus debidos matices individuales, un
ejercicio de introspección basado en la retroalimentación que estas reuniones
en restaurantes generaron.
 |
| "Modelo sobreusado, jodido.." |
El Proceso
Líneas arriba externaba mi sentir sobre la aparente falta de diálogo entre la colección. al escuchar sus motivos, comprendí que esta muestra no representa un discurso determinado. Acaso trataría de una frase entre el continuo intercambio de ideas en el que "Refill" es sólo un elemento sintagmático del proceso completo.
“La
obra de uno terminaba impactando al otro”, señala Radharani Torres, con
respecto al proceso creativo detrás de esta selección, pues muchas de las
obras, o bien no estaban planeadas para formar parte de la lista original de
exposición, o simplemente nacieron dentro de la sala misma. Tal es el caso de
los dibujos a muro de Roberto García, los cuales sólo existían como “algo
intermedio entre la idea y el boceto”, y cuya creación fue realizada de forma
espontánea y en su totalidad durante el montaje.
Por
otro lado, Carlos de la O apunta a que su aporte en “Refill” busca una estrategia polisémica. Al ser una serie que
ha realizado por más de cuatro años, cada pieza no explica per se el
concepto hacia el que pretende apuntar—Beth Gibbons—, máxime que el elemento
que articuló la “evocación" de este personaje fue su propia participación en una
performance en la que él se transfiguraba en la evocación física, pero ante todo psicológica de la cantante. Este elemento no estuvo presente en la
sala a mi arribo, lo cual justifica en gran medida mi juicio con respecto al
conjunto. El efecto que busca De la O, es precisamente el de la ausencia de
Gibbons, paralelo a la provocación hacia el espectador para , con los elementos
segmentarios presentes, intentar construir, bocetar al fantasma de este de por sí
enigmático personaje.
En
gran medida, mi perspectiva con respecto a “Refill”, luego de esta larga charla
con sus artífices, cambio; pasando de juzgarla como una muestra poco acabada, un
producto que se aprecia en su etapa final; para entender que, en ojos de estos artistas, su
presentación no es sino un paso más en la construcción de su proceso artístico.
Un ejercicio de exploración, en el caso de Torres; de desfogue y abstracción
para García, o una reafirmación de ciertas dinámicas de orden técnico para De la
O.
Debo
decir que sólo una de las obras ha sido la que me llamó a reseñar dicha
muestra: “I Put a Spell On You”, literalmente colocó un hechizo en mi ser.
Cargada de una provocación singular, que en parte fue generada por la clara
referencia al tema homónimo de Screamin' Jay Hawkings—una canción de mi
personal predilección—y por otra parte, en la agresividad latente en cada una de
las púas que atacan al espectador, recordando que toda posible idealización del amor conlleva una evasión de la violencia implícita que las relaciones sentimentales ejercen entre sus participantes.
Es
opinión de quien rubrica, que esta obra muestra una faceta creativa distinta a
la producción tradicional de Radharani Torres, caracterizada por soportes
bidimensionales y preponderantemente pictórica, para transigir hacia una
propuesta emergente, que ya da visos de consolidación, y que bien podría
hallarse dentro de espacios como el MUAC, dentro de muy corto tiempo.
 |
| "I Put a Spell on You", Instalación de Redharani Torres. |
La
muestra permanecerá abierta al público hasta el 4 de diciembre, luego de lo
cual, este grupo compilará un dossier con las memorias de este ejercicio
creativo, que esperaré con gran curiosidad.